Te deseo cual río desbordante de azules profundos.
Te deseo eclipsándome, hundiéndome, asfixiando el espacio,
Acabando con la calma y clavándome a tu aliciente,
¡Quemando las cenizas
hasta de nuestro incendio!
Fundiéndome, y abandonándome
allí.
No hay más recuento,
el rojo carmesí de tus ojos son más que una advertencia.
I n e v i t a b l e,
no te rehúyo.
Y te me vienes, como
súbita tempestad, como ráfaga sin freno de pájaros llameantes,
Como escapando de ti
misma, como encontrándote desvalida de razón;
Esa que sobra y se va
sola, temerosa de la verdad.
Hechas raíces con
propiedad, en mí
O te quedas con mis
palabras, o te las regalo o me las robas. Da igual.
Son tuyas al final.
Son tuyas por vez
última y primera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario