bajando las colinas ya
no nos encontraremos de
nuevo, mas nuestros
corazones seguirán unidos
a tu cuerpo (mi cuerpo) , y así
yacerán los pensamientos invitados
a la humilde cena de nuestro desencuentro,
de esta forma
dando fin a su evanescente iluminación,
respondiendo casi con ansias
al llamado de la sociedad
opresora con el desvalido, que vive
del dolor del pobre condenado
a liberarse.
no eres tú la mala en
esta historia, es el humano
y su absurda ley testigo y cómplice,
que deja morir al que ni de
hambre puede vivir, y que evita
que su bien alcance con equidad.
nosotros somos nuestro
obstáculo , al más oculto de
los cielos, donde el resplandor
hace trizas cualquier tanque,
desdobla cualquier dolor.
eres tú, nauseabundo animal,
el invitado a condenarte
en tu miseria y la de los
tuyos, no importa tú,
si cuanto con tu dedo puedas contar.
¿y qué eres sino un par de
marcas y un color verde sangre?
no lo olvides que sin tardanza ni demora
la muerte vendrá a saldar
sus deudas y allí perecerás,
lo sé.
y allí padecerás de la desgracia
del que no grita,
del atrapado y olvidado,
del incienso de la mente colectiva
al fondo de tu conciencia, y
a pesar de lograr liberarte a ratos
ya muy obscuro el atardecer
será.
no dejes de recordar, lo que
aquí te he advertido
de otro modo mañana habrás arrepentido,
y aunque bien lo sabes
no miento, tu orgullo será cual cemento
y crudo invierno.
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